Aguas muy frescas y fondos claros es lo que queda en el recuerdo de todo aquel que al menos una vez visitó el paraje por donde el río Duaba se une con el mar.
Hasta la cabeza de la playa por donde el importante afluente une sus aguas “dulces” con la “saladas”, llegan los mangles formando pequeños bosques tupidos de los que brotan manantiales naturales, además de otros tantos que descienden desde las montañas vecinas, haciendo del suelo una plataforma mucho más provechosa y fértil.
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