Precaución y responsabilidad, palabras claves en la nueva norma

Guantanamo nueva normalidad/Foto tomada de SolvisiónEl nuevo coronavirus no es historia pasada, sino una realidad actual en la cual debemos convivir hasta que aparezca la vacuna definitiva para contrarrestar este mal, causante de una estela de muerte, dolor, soledad, crisis económica y social a nivel mundial.

 Cuba no escapa a los perjuicios causados por la Covid 19, no sólo por los más de 6 mil contagiados, sino por el enorme gasto en la adquisición de los test rápidos y PCR, así como la atención de los ingresados en los centros de aislamiento.  A este panorama se unen las carencias generadas por el cierre de fronteras, la parálisis  del sector turístico y la reducción brusca del comercio internacional. Por si fuera poco, estas circunstancias se agravan para los habitantes de nuestro archipiélago por un bloqueo recrudecido desde el vecino del Norte.

Por todo eso, tras un período largo de adopción de medidas restrictivas, de mejorías y rebrotes epidémicos, es preciso adaptarse a un nuevo contexto para revitalizar el quehacer socioeconómico en la nación. Quizás algunos quisieran  mantener las restricciones, pero indiscutiblemente ninguna sociedad puede contenerse por tiempo indefinido, sería incalculable el impacto de miles de personas desempleadas, producciones atrasadas, servicios detenidos.

Debemos interiorizar que llegó para quedarse el uso del nasobuco en centros laborales e instituciones  y donde quiera que exista el contacto directo con otras personas. No se trata de una disposición impuesta sino de un acto de responsabilidad ciudadana.

El lavado de las manos con agua, jabón y soluciones desinfectantes, la higienización de los objetos y superficies compartidas, alejarse de las aglomeraciones en lo posible, son otras medidas que todos debemos cumplir con la conciencia del bien común.

Resulta esencial el distanciamiento físico, pese a los deseos casi incontenibles de regalarse el añorado beso o abrazo, después de tanto tiempo de lejanía. Debemos comprender la necesidad de buscar nuevas formas para demostrar el afecto pues el riesgo está latente, la COVID 19 no se ha extinguido.

Tengamos en cuenta que la posibilidad de viajar entre la mayoría de las provincias y hacia otros países incrementa los riesgos de transmisión del virus. Por eso mayor cautela y responsabilidad son imprescindibles a partir de ahora.

También una nueva condición se suma al actual escenario, los contactos de casos sospechosos no se aislarán en centros, sino en sus propias casas, por tanto, evitar el contacto con esas personas constituye una actitud prudente que debemos adoptar.

Se trata de vivir con más compromiso y precaución, de adaptarse a circunstancias insospechadas tiempo atrás pero necesarias ahora. La nueva normalidad implica organizar mejor las actividades cotidianas, ahorrar recursos como la electricidad y el combustible, aprovechar el teletrabajo, las potencialidades del comercio y servicios electrónicos, entre otras alternativas. La salud propia y la de quienes nos rodean están en juego, protejamos, entonces, el mayor tesoro que podamos tener.

 

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