Kuwait: donde también se abraza a la medicina cubana

KUWAIT Manuel AlejandroLa arena del desierto era solo algo de películas y dibujos animados para Manuel Alejandro Bornolla Arenado, hasta que la COVID-19 lo llevó a Kuwait, donde la pandemia pactó con el destino un nuevo reto profesional para él y los más de 200 cubanos que apoyan el enfrentamiento a esta enfermedad en esa ciudad árabe; tras cada kilómetro, allá su día a día se define en una apuesta por la vida.

En pleno siglo XXI las tecnologías salvan las distancias, y a través de la red social Facebook la conversación con Bornolla Arenado revela los encantos con que esa nación sorprende, a la vez que el galeno reconoce la excelente acogida a la tropa de la Mayor de las Antillas.

“Al llegar descubrimos un país que, a pesar de ser pequeño, es del primer mundo, muy moderno, con tecnología que no pensamos pudiera tener, muy buena la organización desde el arribo, nos recibió la dirección del Estado y el embajador cubano allá. Se nos realizaron exámenes médicos, todo bien planificado, siempre con mucha amabilidad”.

Un trozo de Cuba del otro lado del planeta

En Kuwait la naturaleza tiene sus sorpresas, según cuenta, desde las cuatro de la mañana el sol está afuera. Con siete horas de diferencia respecto a Cuba, todavía la brigada antillana no se acostumbra al nuevo horario, mientras la cotidianidad hace su parte y moldea las rutinas.

“Trabajamos en un hospital de campaña muy grande, tiene mil 200 camas y cuenta con todos los recursos para los enfermos y el personal médico; estamos divididos en equipos y estos a su vez en subgrupos.

“Hasta ahora no hemos atendido pacientes con complicaciones, la mayoría con estado moderado, a los cuales se les pone oxígeno, se les aplica antibióticoterapia, vitaminoterapia, también les administramos heparina que es muy importante para evitar trombos”.

Junto a los cooperantes cubanos laboran especialistas de otras naciones como la India, Bangladesh y Egipto; para los de nuestra tierra el tema del idioma ha significado un gran reto.

“Ha sido un desafío, porque en ocasiones algunos pacientes no dominan el inglés sino el árabe, entonces debemos auxiliarnos, para interrogar a los enfermos, de las enfermeras indúes o de Bangladesh que están en la sala”, añade el especialista de segundo grado en Medicina General Integral.

Comenta, además, que incluso los diálogos en inglés con algunos colegas de allá demandan gran atención por el acento diferente que los caracteriza. Un reconocimiento entregado a la brigada cubana por parte del sindicato de trabajadores de esa nación árabe alimenta el orgullo con que la tropa caribeña regresará a la Isla.

Mucho se habla de los médicos en esta batalla contra la COVID-19, y aunque es protagónico el papel de estos, en la conversación Manuel Alejandro Bornolla Arenado resalta el mérito de otros que también tienen su manera de salvar:

“Acá todo está bien delimitado, por donde se entra y se sale. Hay un personal de limpieza calificado y clasificado, pendiente de lo más mínimo, que nos ayuda a la hora de vestirnos, nos facilita los medios de protección, siempre atento a que no nos falte nada”.

Dos misiones internacionalistas en Venezuela y Brasil acumula en su trayectoria este guantanamero, pero ahora los contrastes con la nueva experiencia en Kuwait no solo se le revelan ante los ojos, sino que también le tocan la piel, y confiesa:

“Otra cuestión compleja acá son las altas temperaturas, la media está entre los 48 y 52 grados Celsius, pero todos los lugares están climatizados, hasta las paradas de los ómnibus. La humedad relativa es baja, aquí no llueve. Esta es una ciudad construida literalmente sobre arenas del desierto”.

En Kuwait las costumbres moldean un poco los hábitos de los cubanos; incluso las habituales muestras afectivas que definen a los nativos de nuestro Archipiélago se encuentran allí con límites impuestos por los cánones sociales de esa nación, según cuenta Bornolla Arenado.

“La cultura de acá es muy diferente a la nuestra, y se exige un gran respeto por parte de la mujer hacia el sexo masculino. El hombre de la pareja es el que da la nacionalidad al hijo. Aquí los cubanos no podemos saludar con un beso a nuestras compañeras, ni andar de mano con ninguna, ya que no es bien visto”.

La familia permanece en el centro de la nostalgia acumulada por este galeno, aunque en esas añoranzas también afirma que se mezclan los deseos de degustar un buen potaje de chícharo o frijol colorado, alimentos que, hasta ahora, ignora si los hay allá, pues no los ha encontrado.

Mientras la COVID-19 escribe su historia en el calendario del 2020, del otro lado del planeta la medicina cubana le arrebata vidas a la muerte en un país del primer mundo, contra el veneno de tantas campañas para desacreditar este gesto, así se consuma un abrazo a Cuba allá en el lejano Golfo Pérsico.

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