A los 106 años, el fidelista de siempre

1 HipolitoAlegría de vivir la Revolución creada por Fidel.Fidel no debió morir. El pueblo lo sufre, aunque lo sienta presente. A él me unieron muchas cosas, pero, sobre todo, nuestra fecha: el 13 de agosto.

Hipólito Mustelier conversa pausado en la sala de su casa, asentada en el número 1320 de la calle 4 Oeste entre 2 y 3 Sur, en la ciudad de Guantánamo. Por estos días tiene al Líder de la Revolución más presente que de costumbre.Remonta la memoria en el tiempo, como salido del hilo de la conversación y asegura: “Aprendí de niño a contar solo y llegué a dominar las cuatro operaciones matemáticas: sumar, restar, multiplicar y dividir. Me valía del maíz, como si toda la gloria del mundo cupiera en uno de esos granos -evocación implícita de Fidel.

Cinco por cinco es 25, y yo me lo representaba con aquellos granos: cinco pilitas con igual número de semillas. Las contaba y me demostraba el acierto.

En el balance que ocupa, sus rugosas manos se mueven lentamente sobre las piernas, los dedos juegan con un Carné de identidad, mientras Hipólito retorna a la idea inicial de la conversación, como para demostrar que no pierde su rumbo: Fidel… -murmura- coincidimos en el 13 de agosto, pero no sé el año en que nació.

13 de agosto de 1926 -le informo- y rápido calcula y responde: “Le llevaba 12 años y me siento muy feliz de que compartiera conmigo el santoral del almanaque”, y esboza una sonrisa, porque mostró una mente preclara. Borra de golpe cualquier suspicacia del periodista.

Mustelier -digámoslo ahora- vivió hasta ayer 106 años y para que no quede duda de su claridad mental, recita de memoria la numeración del Carné con el que juguetea entre sus manos: 14081310929, confirma así su perfecto estado cognitivo.

A su centenario cuerpo solo lo atormenta el malestar provocado por la artrosis en ambas rodillas, única dolencia -aseguran los descendientes- que ha padecido hasta hoy, cuando el tiempo se empeña en reducirle, ligeramente, la capacidad auditiva.

2 HipolitoAgustina lo trajo al mundo el 13 de agosto de 1914, lo acuña su CarnéSu vida es saludable, come de todo y desconoce el sabor del café. El tabaco lo abandonó hace muchos años, también renunció al ron, que solo ingiere moderadamente de vez en vez, cuando lo amerita la ocasión.

Nada de presión, nada de nada, y aunque es viudo hace mucho tiempo tiene una novia en las cercanías, doncella a quien aventaja por cuatro décadas; lo cual no le impide cada tarde, al terminar sus faenas, alistarse y visitarla. Son felices -asevera.

Uno de sus nueve tataranietos sigue atento el diálogo con el centenario: “Mi madre, Agustina Mustelier, contaba que nací a las ocho de la mañana, el 13 de agosto de 1914 (gusta reiterar la fecha) en Tiguabos. Éramos nueve hermanos, cuatro varones y cinco hembras, la mayor de ellas, Josefa, me enseñó a leer con la cartilla de 28 letras del abecedario, pues nunca fui a la escuela.

“Eran otros tiempos, difíciles desde la niñez. Muy temprano conocí el sudor del campo: papá nos ponía a limpiar carreras de maíz y de otros frutos menores, y de los 14 a los 25 años por 25 quilos (centavos) diarios desyerbaba cafetales”.

3 HipólitoHace unos 80 años se inició como carpintero, especialidad en la que llegó a ser ebanista.Todo cambió en tres meses, el tiempo que necesitó para aprender carpintería en el propio Tiguabos, con Ricardo Barbier -no olvida a su maestro. “Primero construía casas en blanco y luego, como ebanista, muebles de todo tipo”, recuerda.

Aún tiene su taller de carpintería en el patio de la casa, donde hace sillas y sillitas para niños, aunque los hijos se deshicieron de la sierra para evitar accidentes a tan avanzada edad.

Imenia Revé Duboi le cambió la vida en 1938, a los 24 años de edad; le dio siete hijos (6 hembras y en el último parto un varón, al que siguieron otros dos de otra relación). Fue ella la génesis de la larga descendencia: 18 nietos, 23 bisnietos, 9 tataranietos y en cualquier momento aparece un chozno, porque dos de las últimas ramificaciones del árbol tienen edad reproductiva.

Con 26 años e incipiente familia (dos hijos) echó suerte en la ciudad de Guantánamo. Gobernaba la nación Carlos Prío Socarrás (1948-1952 cuando fue derrocado por el golpe de estado del 10 de marzo, encabezado por Fulgencio Batista). Trabajaba días alternos en la pavimentación de las calles de la urbe.

La carpintería sería su destino laboral definitivo para mantener a la familia, con precariedades que desaparecieron “cuando triunfó la Revolución -señala y sus ojos adquieren un brillo particular.

“Carretera Central y Capitolio aparte, en el primer mandato de Gerardo Machado, Asno con Garras en el segundo, ningún Gobierno hizo nada por los cubanos. Todo cambió con Fidel: alfabetización, obras de todo tipo, amparo social, educación y salud gratuitas… baste ver los resultados de las acciones contra la pandemia de la COVID ahora…

Todo por la obra y voluntad de ese gigante llamado Fidel, con quien, con mucho honor comparto la fecha de nacimiento. Ojalá nunca se hubiera ido, pero aunque no somos semillas, él germina y fructifica en las generaciones de jóvenes cubanos que nos suceden y, entre ellos, los de la gran familia que fundé. Todos agradecidos.

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