El seis de noviembre de 1918 la historia de un viejo espigón, devino una crónica distinta para los servicios de salud en Guantánamo. En el otrora terreno Altos de Polanco, donado a principios del siglo XX por la familia Pérez Andrés se fundó el primer hospital civil de la región, y con él nació también la única institución pediátrica de la provincia.
Eran sólo cuatro pabellones para ingresos: un salón de operaciones, un local para lavar ropa manual y una cocina con un fogón de leñas los interiores de aquel centro que en sus albores asistiría una terrible epidemia de Influenza, victimaria de numerosas vidas por falta de recursos para combatirla. Cuatro médicos, cinco enfermeras y diez trabajadores de servicio y administrativos eran la plantilla inicial de aquel dispensario que esperó hasta 1935 para exhibir su primer laboratorio clínico y dos años después una sala de maternidad y atención a infantes.



































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